27.10.12

Testamento de una iconoclasta




El mundo es ancho y ajeno
( Ciro Alegria)



Si yo Nunca me quise atar a una hipoteca y siempre viví de alquiler con rentas muy sostenibles, pocos muebles y equipaje ligero por si la vida me ofrecía algo mejor en otro lugar, si no sucumbí al influjo del dinero plástico ni al consumo convulsivo de gilipolleces y fui sobria, no entiendo bien eso de colgar cosas en mi cuerpo que no me sirvan para abrigarme en invierno o refrescarme en verano, si nunca me apunté a vuestro festival del despilfarro, por qué ahora tengo que pagar a pachas las consecuencias de vuestros delirios de grandeza,
Si no creo en dios, y no siento ningún respeto por la sangrienta y multimillonaria Iglesia Católica, por qué tengo que ver como acaban con la escuela pública, que debería ser garante de la educación para la dignidad de todas las personas por igual sin distinción ninguna de etnia, credo, sexo o poder adquisitivo, y ver como con mis impuestos favorecen sin pudor a las escuelas privadas para ricos y para católicos ricos.
Por qué cuando me habéis contado el cuento de la democracia me hacéis jugar con las cartas marcadas de forma que siempre ganáis los mismos, los que no cuestionan la injusticia y la desigualdad, los dóciles a las grandes fortunas, los corderos que no dudan frente al pastor en despeñarse por un acantilado si éste se lo pide, arrastrándonos a los demás, a los inocentes, a los que nunca dejasteis participar del festín cuando las vacas eran gordas, y vosotros pacíais ahítos de migajas bajo las mesas de los poderosos. Cada cuatro años bajáis a las cloaca a pedir el voto que os permita acumular posesiones, privilegios, cada vez más alejados de la realidad, cada vez más miserables.
Por qué se tolera la mentira, la doble moral, la ley del embudo y votáis a gente que sabéis con total seguridad que va a apropiarse y acumular como una urraca cualquier cosa que brille, sin medida, dejando vacías las arcas del bien común, produciendo dolor y muerte , la avaricia supera los limites del sentido común y repugna a cualquier persona que tenga un poco de empatía, los psicópatas se caracterizan por no tenerla, eso es lo que sois vosotros, los neoliberales, los defensores al ultranza de la libertad económica, psicópatas sanguinarios sedientos de oro, de poder y de sangre humana.
No cabe duda que lo estáis consiguiendo, muchas personas se suicidan al darse cuenta de la magnitud de la mentira en la que han vivido siempre, cumpliendo con dios y con el César, se ven con una edad madura y poca energía para remontar, prefieren quitarse del medio que rebuscar en la basura para poder comer, porque le contaron que si trabajaban honradamente, ahorraban y no blasfemaban, no iban a tener nunca que rebuscar en un contenedor de basura o en una cola de Cáritas para comer, les habéis mentido, y de todas las mentiras que decís a diario ésta es la más grave porque ésta mata, y se quitan la vida porque no quieren dar ese espectáculo lamentable a sus hijos, no quieren ser una carga en esta larga travesía hacia la nada en la que vuestra avaricia nos ha embarcado.
Ahora pretendéis que veamos como ostentan las urracas, como viven los delincuentes, los mentirosos, los corrompidos, en silencio, sin protestar, para no perturbaros mientras le dais la puntilla a nuestras vidas, pretendéis que seamos tan estúpidos como para esperar algo bueno de vosotros.
Visto lo visto no queda mucho más que hacer que morir en cualquiera de los supuestos que nos habéis habilitado para ello, por depresión y tristeza al perder cualquier esperanza de vivir con dignidad, por enfermedad porque habéis secuestrado también el derecho a curarnos cuando enfermemos , a paliar el dolor los que arrastramos una enfermedad crónica, a que podamos cuidar nuestros dependientes o nos cuiden cuando nos podamos valernos por nosotros mismos, o en la trinchera luchando contra vuestros perros que pagamos para que defiendan este estado de cosas tan infinitamente injusto y vuestra casta de mal nacidos, moriré matando si puedo y os dejo en herencia mi maldición y más absoluto desprecio.
Juana Santana
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