7.11.12

Confesiones de alguien como yo

Brotaba la sangre a borbotones, miraba aquello con asco y satisfacción, era yo y no otro quien lo hacía. Quería que fuera rápido así que busqué su cuello con la punta del cuchillo. Lo clavé pero no era suficiente, tuve que cortar como quien le corta la cabeza a un pollo, aquel gran cuchillo de cocina casi no tenía filo, fue desagradable, pero no podía parar, aquel pequeño y abominable cuerpo continuaba moviéndose. ¡Que asco! _pensé
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Regina Zerené
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