23.4.12

La literatura y la llave mágica de los sueños



Sin duda la llave mágica está en los sueños, es la llave que te abre la puerta del tiempo, ese espacio eterno, e intangible sobre el que nosotros habitamos en un período muy delimitado y finito que hemos dado en llamar vida y así es, nuestra vida es una percepción real, aquí estamos, sufrimos, amamos, reímos, envejecemos y morimos, lo que no es real es la sensación de que el tiempo pasa, no, en absoluto, el tiempo no pasa, pasamos nosotros en ciclos aleatorios, personales e intransferible, nadie sabe cuánto tiempo va a vivir, tiempo contado convencionalmente y que se ha parcelado de manera artificial en segundos minutos, horas ,años, días, semana etc.
No es esa la única ilusión en la que vivimos inmersos sin darnos cuenta, mucha gente cree que la única realidad que existe es la que puede ver y tocar, cuando esa realidad no solo no es la única sino que es una realidad muy pobre, si nos aferramos a ella nos volvemos torpes emocionalmente y cometemos fallos garrafales que normalmente se pagan con dolor del bueno, ese dolor de alma tan difícil de mitigar.
Hoy estaba pensando después de ver un documental en la televisión donde hablaban del descubrimiento del hombre de flores, un hombre pequeñito como un hobbit, que habitó en la isla de Flores en Indonesia hace unos siete mil años, y por si esto fuera poco hablaban también de otro descubrimiento que habían hecho casi al mismo tiempo, un gigante cuyo paso por la tierra fechaban aproximadamente en la misma época que el anterior hobbit, este último fue hallado en China. Ante esto tengo que rendirme a la evidencia, los hobbit y los elfos existieron y J.R. R. Tolkien lo sabia.
Me resulta más fácil de creer que toda la obra literaria de J.R.R. Tolkien le fue revelada mediante los sueños, que efectivamente imaginar una mente humana capaz de inventar el mundo como una especie de dios, creando criaturas, ríos, montañas, ciudades ciénagas infiernos lenguas y arquetipos psicológicos, un mundo en definitiva no muy distinto del nuestro en cuanto a los dos pilares fundamentales que sustentan la vida, a saber, el bien y el mal y su combinatoria azarosa que causa no pocas vicisitudes a la especie humana.
Es cierto que el escritor británico era un hombre muy sabio, pero aún así, me cuadra más pensar que él posiblemente mediante el sueño, que es el momento más idóneo para ello porque nuestra terca racionalidad ofrece menos resistencia a otras realidades, en ese momento de abandono del ego cuando están todos los canales de la percepción abiertos, recibió toda la información necesaria y pudo escribir sus obras magníficas, que nos hablan de como era la tierra antes, con esos seres fantásticos, donde elfos, duendes, hobbits, caballeros negros, orcos y trolls luchaban cada uno por imponer sus criterios o lograr sus objetivos; igualito que ahora, nada ha cambiado tanto después de todo, seguramente ese mundo fantástico sigue existiendo en este instante pero en otra frecuencia de la cuerda diferente a esta en la que estamos ahora.
Del mismo modo Julio Verne en pleno siglo XVIII vislumbró cosas tan increíbles como la televisión o los viajes espaciales, el submarino etc.
El viaje de Verne fue a la inversa del de Tolkien, él viajó al futuro y vio cosas que ninguna mente de sus coetáneos hubiera podido ni imaginar y ¿por qué? Pues no cabe duda que Julio Verne era un hombre de una curiosidad intelectual insaciable, leía todo lo que cayera en sus manos de divulgación científica, además de poseer sensibilidad para la poesía y el arte en general, pero nada de esto es suficiente para explicar su clarividencia y como pudo adelantarse a su tiempo, ver y plasmar el futuro de esa manera tan exacta no es posible sin una revelación, sin ese adentrarse en otra frecuencia de la cuerda y penetrar en otra realidad, a mucha gente le ocurrirá pero solo algunos son capaces de contarlo después.
Y les guste o no los únicos seres capaces de volver del trance y recordar lo visto, ordenarlo, darle cuerpo y construir historias que después son legadas a la humanidad en forma de libros, somos los escritores y las escritoras, me incluyo orgullosa en ese grupo porque yo siempre defendí la preexistencia de los libros en otro plano, y el papel del escritor como mero demiurgo del que se vale la obra para ser creada.
Los libros laten en la cuerda como gotas de rocío temblorosas y frescas, esperando nada más el sueño que los revele y le de sentido a su existencia, naciendo para ser leídos y compartidos.
Del mismo modo defendí también la no existencia del tiempo, al menos del modo convencional como lo hemos definido hasta ahora, es posible que todas esas verdades me hayan sido reveladas en mis sueños, y cierto es que los recientes descubrimientos científicos tienden a volver a formular muchas cosas que parecían inamovibles, una de ellas el concepto del tiempo.
Quién le iba a decir a George Orwell que su Gran Hermano iba a ser una realidad, que la humanidad conocería un tiempo, donde el ojo que todo lo ve entraría en nuestras parcelas más intimas para vigilar y controlar nuestro pensamiento, La televisión preside nuestras casas y elabora lo que debemos pensar en cada momento.
Los libros son los únicos que de verdad escapan a ese mundo terrible y Orweliano en el que vivimos sin percatarnos, porque la literatura se gesta siempre en los sueños y nos nace para ayudarnos a comprender la magia de la vida.

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