
La sensible y especial mirada de su autora, sencilla en la prosa, sutilmente escogida, pero certera, contundente y profunda en su objetivo, que es capaz de penetrar y atravesar capas y capas de la realidad convencional hasta llegar al núcleo central del ser humano mismo, hasta su nauseabunda realidad de espécimen humano, rodeado y atrapado en una sociedad resueltamente egoísta, falsa e hipócrita.
Con un don y una habilidad insospechada, tremendamente poderosa, la autora nos informa, nos forma, nos estrega en la cara, lo que para ella no pasa desapercibido, lo que no podemos ocultarle. Su análisis de la realidad, donde está en juego nuestra ética, nuestra moral, nuestra honestidad, entremezclada en un casi-juego teatral de La Gran Farsa Social, queda comparada, humillada, ante unos simples insectos (para algunos repugnantes) que en su natural devenir, no nos hieren en lo más profundo de nuestras emociones o sensibilidades, simplemente siguen su camino; tal vez, por eso puedan ser más aceptables o preferibles en estos ámbitos.
El o la protagonista claramente se
niega a jugar, a pasar por la rutina diaria, por la lucha para
ocultar, disfrazar, negar la verdadera realidad de lo que somos. En
el mundo actual… necesitamos gente así, que se niegue a seguir al
rebaño, que se sienta feliz de ser así y que nos alumbre hacia
otra realidades con más peso, con más relevancia, más estimables.
Me asombra, me gratifica, ver como la
autora con su perfecta disección de un instante, lo convierte en un
amplio mundo donde se suceden intrépidamente innumerables hechos y
acciones, y al mismo tiempo, genialmente, su persona queda inmersa
dentro de su propia observación.
Tras el inicial preámbulo, magistral,
pedagógico, donde el hastío que nos provoca jornada, tras jornada,
el fracaso continuado en nuestra organización y casi perpetuos
anhelos, la autora nos lleva al momento culminante de su relato. Tal
vez no exagero si afirmo, que la autora, en una especie de conjuro
nos atrapa y encadena a una realidad que nos asusta, que nos da
miedo, pero de la cual, ya, más nunca, podremos escapar.
Tal vez, no hoy, no mañana, no se
sabe cuándo, abriremos una puerta y sentiremos esa misma sensación
extraña, que como haciendo un guiño al propio Aristóteles y su
hilemorfismo entre la materia y la forma, nos atrapará
incomprensiblemente.
Felicidades Regina
Gracias Regina