18.2.13

El metabolismo de las Jarcias



En el cielo, que empezaba a hacerse apenas rosado, flotaba una gran cruz oblonga a cuyo alrededor volaban varios cuervos silenciosos como siniestro rebaño de ataúdes alados .
                                                                                                  Agustín Espinosa (1897-1939)


 
Hoy he encontrado por casualidad unos libros del gran poeta surrealista, Pedro García Cabrera, Corría el año 1928 cuando el poeta canario escribía: esta racha de viento que a mi llega/ acaso fuera silbo/ en las gráciles jarcias de una nave./ o sonrisa plegándose en el ojo/ acuoso y abierto de un estanque. / o corcel embriagado de una nube./ o carne melodiosa de un oboe./ quién sabe, quién sabe y fue un suspiro,/que ha venido rodando por el aire.
Buscaba entre mis cosas algún objeto que poder vender para poder  terminar el mes teniendo algo que echarme a la boca en la nevera, me pregunto cómo seria estar presente en Canarias en aquellos años cuando germinaba el movimiento surrealista, y André Bretón, fundador del movimiento, hablaba del surrealismo como un automatismo puro que permitía la verdadera expresión de la mente humana, lo importante era que la razón no contaminara para nada la creación.
No puedo evitar establecer paralelismo entre esa época y la actual, ahora igualmente cualquier sueño, surrealista o no, ya sea en el mundo de las artes o en el de la ciencias se ha visto frustrado por el golpe de estado financiero que han dado los amos del mundo, quienes se han quitado la careta y hemos podido ver su verdadero rostro detrás del disfraz "democrático" con el que nos han estado engatusando y estafando hasta ahora.
Siempre te sobras a tu sed, si llegas/ a tus finales cercos de rompientes,/ de tu abombado pecho se desdoblan/ manantiales que corren con tu imagen./Y nunca te limitas ni te bastas.
Pedro García Cabrea con una sensibilidad exquisita y premonitoria ya por el año 1928 era capaz de intuir el inmenso dolor y la sacudida brutal que la barbarie iba a traer a estas tierras dolidas siempre de caciques y de injusticias y a las que el movimiento surrealista resarcía de algún modo, era como si al albur de nuestros riscos y frente a la mar y solo ahí, se pudieran gestar genios como el propio García Cabrera , Agustín Espinosa, Oscar Domínguez, Emeterio Gutiérrez Albelo, Domingo Pérez Minik, o Domingo López Torres, más tarde aglutinados todos ellos en la revista Gaceta del Arte fundada por el critico Eduardo Westherdal, sin la cual no hubiera sido posible que en 1935 el mundo entero miraba para Tenerife. Ese año El Ateneo de Santa Cruz acoge una muestra cultural donde participaron Picasso, Dalí, Arp, Óscar Domínguez, De Chirico, Magritte, Tanguy y Max Ernst. Esta muestra fue denominada como la segunda exposición surrealista mundial.
La Gaceta del Arte defendía las vanguardias arquitectónicas y artísticas europeas hasta el verano de 1936 cuando tuvo que desaparecer por culpa del golpe de estado franquista.
Hay paralelismos tan evidentes que dan escalofríos.
¿Me amordazan?/ ¿me ensordecen, me ciegan? /¿me abandonan,tullido/ de brazos y piernas? /¿...y esta ansiedad de cuña,/que yo quería aquí/y allá y en todos sitios.../acaso-ya-, resuelta/en un humo doliente, en una franca/disolución, en el desgaire/de esta corbata tan mal puesta?/
Decía Emeterio Gutiérrez Albelo por los años 30, sobrecoge la viveza y la actualidad de la estampa, la corbata como símbolo de una burguesía irremisiblemente condenada a desaparecer .
Me voy , arrastro mi cuerpo de un lugar a otro, juntando circunstancias haciéndolas encajar como matrioskas rusas pero, en el fondo, mi pensamiento se ha quedado suspendido en el último instante que fuimos dignos , un momento antes de esta ignominia , la dignidad se fue y me ha dejado suspendida en este lapsus de tiempo, estas cosas no pueden durar eternamente, en algún momento pasamos a las comprobaciones y le pides explicaciones a tu cabeza y le exiges que compruebe y es así como buscas, indagas y de ahí llegas a la conclusión de que esta falsa democracia que nos han vendido no merecía tanto miramiento, ni era una historia tan especial, todo había sido una mala jugada de nuestra imaginación colectiva, nos fabricaron un cuento a medida y nos lo creímos, bajamos los brazos, nos acomodamos y dejamos que otros se ocuparan por nosotros de las cosas importantes mientras nosotros perseguíamos gamusinos llevados a nuestras casas montados en rayos infrarrojos.
Juana Santana
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